
Cuando Dios promete algo, te hace mirar lejos: A Abraham lo hizo mirar la tierra a su alrededor (Génesis 13:14-15), luego lo hizo mirar las estrellas (Génesis 15:5) y después lo hizo mirar al futuro de su descendencia (Génesis 17:4-8), al final Abraham entendió que había que ver más allá, a la eternidad (Hebreos 11:13-16).
¿Dónde estoy poniendo mi mirada? Con el tiempo uno llega a ser lo que ve, por eso debo cuidar donde coloco mis ojos (Salmos 101:3) y enfocarme bien a quien mirar (Salmos 123:1).
Sus promesas nos hacen tener visión a futuro, y eso despierta en nosotros el deseo de ir más allá, porque Dios hace cosas grandes cuando promete.
Cuando Dios te diga que alces la mirada, confía, que Él cumplirá lo que prometa.
«Fueron, pues, y hallaron como les había dicho.» (Lucas 22:13)
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