El Bautismo

por William (Guillermo) Williams (1882 – 1961). Tomado del libro El lugar de Su Nombre, 2ª Edición año 2000. El texto sigue siendo fiel al original, pero la división por párrafos se ha ajustado para presentar mejor las ideas principales de cada bloque.

La palabra de Dios manda a guardar dos ordenanzas como prácticas, para esta dispensación: el bautismo del creyente y la Cena del Señor. La enseñanza acerca de estos dos ritos es clara y terminante; sin embargo, por no haberse ceñido estrictamente a esta doctrina, vemos dentro del cristianismo los conceptos más erróneos acerca de ellos.

Una ordenanza, para que sea de incumbencia en esta dispensación, debe tener tres requisitos:

  1. El mandamiento del Señor
  2. El ejemplo apostólico, y
  3. La doctrina enseñada en las Epístolas.

Si observamos esta regla, entonces los “siete sacramentos” del Romanismo caen al suelo. También los distintos ritos de las sectas (tales como presentar los niños a los “pastores”, lavar físicamente los pies los unos a los otros, etc.), se ven sin apoyo en las Escrituras.

El bautismo no sustituye la circuncisión, como algunos enseñan. El Señor dio el mandamiento en Marcos 16:16, y en Mateo 28:19. Es de notarse que la persona tenía que creer primero y luego ser bautizada. Es decir, la fe es la causa y no el efecto del bautismo.

Los primitivos fueron bautizados porque ya eran cristianos. Muchas sectas fuera de Venezuela cambian el orden y bautizan niños “para hacerlos cristianos”. Tal cosa no tiene apoyo bíblico.

Ahora el bautismo significa la muerte, la sepultura y la resurrección del creyente con Cristo Jesús. El rito es un simulacro o semejanza de lo que Cristo experimentó en la terrible realidad. Romanos 6:1-8 enseña claramente que la persona que cree en Cristo debe identificarse con El por medio del bautismo.

Nada hay en las Escrituras para autorizar el rociamiento o la aspersión. Bautismo por sumersión es la única forma que da expresión a la muerte, sepultura y resurrección del creyente con Cristo. Se ve un buen ejemplo en el etíope en Hechos 8:36, en la forma en que él descendió debajo de la superficie del agua, simbolizando su sepultura, y luego subió del agua, representando su resurrección con Cristo y que debía andar en novedad de vida, una vida nueva, radicalmente cambiada en todas maneras.

EL BAUTISMO NO SALVA, como se ve en el caso del ladrón penitente, que fue al paraiso sin ser bautizado. El bautismo no limpia las inmundicias de la carne, como afirma Pedro (1 Ped. 3:21). “No quitando las inmundicias de la carne sino como la aspiración de una buena conciencia hacia Dios”. El mismo Simón Mago fue bautizado por error del evangelista Felipe, mas Pedro le dijo: “En hiel de amargura y en prisión de maldad veo que estás”.

El bautismo se practica una sola vez, pero el creyente debe dar diariamente, expresión de lo que significa. El bautismo significa la sepultura del “hombre viejo”; por lo tanto el cristiano ha de sujetar su naturaleza pecaminosa en el lugar de muerte, en el sepulcro. “Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría” (Col. 3:5). Todos los adornos del mundo, los vicios, los caprichos, las amistades ilícitas han sido puestos bajo juicio en el simbolismo del bautismo. Toca al creyente manifestar que es nueva criatura en Cristo durante el resto de su vida terrenal.

Es por demás añadir que el bautismo no debe ser artículo de comercio como se hace en el Romanismo donde se estipula un pago por el servicio. La presencia de padrinos, musica. licor y fiesta, es producto de las tradiciones paganas, y nada tiene que ver con la solemnidad de esta ordenanza.

¡Que el Señor nos ayude a dar expresión de nuestro bautismo todos los días, por una separación del mundo y una consagración al Señor!.


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