
Examinadlo todo, retened lo bueno.
“Examinadlo todo, retened lo bueno” (1 Ts 5:21) es una de las últimas exhortaciones, que hizo el apóstol Pablo, casi al cierre de la primera carta dirigida a los hermanos de Tesalónica.
La Biblia es la única fuente de autoridad divina, como Palabra de Dios, para el cristiano genuino y verdadero, pero en aquellos días el canon de las Sagradas Escrituras no estaba completo; examinar todo lo que dijera ser Palabra de Dios no era sólo una recomendación, era una necesidad.
Pablo sabía los peligros que corrían los creyentes, cuando la cizaña de los falsos maestros comenzaba a meterse en la iglesia (Hch 20:29-30). Gracias al Señor, hoy tenemos la Biblia completa y con abundante disponibilidad en nuestro idioma, sin embargo, no es extraño que los creyentes consulten constantemente material interpretativo mientras descuida el estudio de la propia Biblia; por eso esta exhortación del apóstol llega hasta nuestros días con la misma intensidad y firmeza.
En aquellos tiempos donde era tan difícil conseguir una copia de las Sagradas Escrituras, se retenía más de ella (Ap 3:8), mientras que hoy día disfrutamos de la Biblia completa, pero muchos la estudiamos con un factor “menos”: con menos tiempo, menos calidad y menos aprecio.
Hoy, corren los tiempos del joven Samuel cuando “la palabra de Jehová escaseaba en aquellos días” (1 Sam 3:1) y de finales de los Jueces cuando “cada uno hacía lo que bien le parecía”, pues existe gran cantidad de literatura y contenido en línea sin un verdadero fundamento bíblico, ofreciéndose en librerías y sitios «cristianos».
La literatura y el contenido cristiano se han convertido en material secular que puede ocupar un estante más de las librerías, tiendas y webs del mundo, clasificado como “Autoayuda”, “Crecimiento Personal” o “Religión”, en el mejor de los casos.
Cada vez encontramos menos Biblias de verdad, mientras que las Biblias ajustadas a los gustos personales proliferan más y más, como si la gente espera que al cambiar el envoltorio, cambiara el contenido bíblico.
Muchos creyentes están dejando a un lado el estudio de la Biblia como fuente principal para avocarse al consumo de contenido y literatura interpretada a conveniencia, que no es más que venenoso cóctel de metafísica, autoayuda y “crecimiento económico”, presentado en forma de comentarios, diccionarios, enciclopedias, libros y podcasts de “reconocidos y afamados hombres y mujeres espirituales”, los cuales “habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios, se hicieron necios,” (Ro 1:21-22).
No estamos en contra de los escritos interpretativos de verdadero contenido basado en la Biblia y genuina autoridad espiritual, sino que estamos cautelosos en los tiempos que se asoman sin pudor las falsas doctrinas y fábulas engañosas (2 Tim 4:3-4) que prometen felicidad material, pero solo traen ruina espiritual.
Aquí es donde toman fuerza las palabras del apóstol, tener cuidado al examinar esos escritos que dicen ser “derivados” de la Biblia y retener lo bueno. Recordemos que la Biblia siempre nos enseña algo bueno porque es el instrumento dado por Dios para hacer “que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.” (2 Tim 3:16-17), sin embargo, la interpretación del hombre debe ser examinada con sumo cuidado.
La frase “Examinadlo todo”, no es una cosa vana y superficial, requiere un minucioso y concienzudo examen de lo que se está leyendo, cotejar si es conforme o no con la Palabra de Dios; no es detenernos y decir “oh, que palabras tan bonitas” y “¡Cuánto me gusta lo que está escrito aquí!”, se trata de evaluar un contenido y Biblia en mano, en nuestra mente y corazón, escudriñar si lo que estamos leyendo está de acuerdo a lo que nos dice Dios en su Palabra y nos interpela como espada de dos filos (He 4:12).
Vale la pena aclarar que «examinarlo todo» no significa perder el tiempo en cosas vanas o filosofías huecas, que no son de provecho y crecimiento espiritual del creyente sino para división y contiendas (1 Tim 1:3-4; 2 Tim 2:15-16, 23). Debemos tener la capacidad de discernir luego de comenzada la lectura, qué es y qué no es el verdadero alimento del alma.
“Retened lo bueno”, implica una diferenciación de lo que es bueno o malo en contraste con la Palabra de Dios y la única forma de saber que está de acuerdo con la voluntad de Dios es conociéndole a él a través de la Biblia. Pablo encomendó a Timoteo ocuparse en la lectura (1 Tim 4:13) y luego le reconoce el provecho de su aprendizaje de la Palabra de Dios (2 Tim 3:14-17).
En los bancos no enseñan a los cajeros a reconocer los billetes falsos, ya que las técnicas de falsificación siempre cambian y surjen falsificaciones nuevas, en cambio, le enseñan a reconocer un billete verdadero, de modo que cuando vea algo diferente en un billete, sabrá reconocer que es falso porque conoce que son muy bien los verdaderos. Así es el creyente: mientras más tiempo pasemos en lectura bíblica y oración más conoceremos a Aquel “que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre” (Ap 1:5) y reconoceremos las enseñanzas buenas de las malas.
Ese proceso de reconocimiento requiere objetividad y responsabilidad delante del Señor, a veces el mensaje puede llamarnos a una reflexión profunda, hacernos sentir heridos o tocar alguna fibra de nuestra condición carnal, pero tenemos que retenerlo porque el Señor nos está hablando a través de eso.
También hay que reconocer que este versículo es inseparable del siguiente “Absteneos de toda especie de mal” (1 Ts 5:22), nuestro examen de todo debe estar alejado de toda especie de mal, por muy sutil que sea, debemos reconocer que “el misterio de la iniquidad” ya está presente (2 Ts 2:7) y acechándonos, por lo que debemos ser cuidadosos y estar alerta.
Nuestro objetivo es ofrecer contenido que consideramos doctrinalmente acorde a las enseñanzas bíblicas, algo muy importante en medio de un mundo “cristiano” cada vez más alejado de la Palabra de Dios, y cada vez más cerca del “dios de este siglo”.
Sabemos que ni todo el contenido de este sitio, ni la gran cantidad de literatura cristiana editada en estos 21 siglos sustituye en ninguna manera el incalculable valor de la Biblia, simplemente por el hecho de ser ésta la PALABRA DE DIOS. No estamos compitiendo con ello, simplemente esperamos ser de ayuda para el estudio maravilloso de la Palabra de Dios.
Aunque nos esforzamos en transmitir un contenido con basamento bíblico y sin ligereza alguna, como humanos no escapamos a la posibilidad de algún error o equivocación, por eso agradecemos la interactividad de nuestros visitantes y estamos abiertos a comentarios y correcciones que tengan un amplio fundamento bíblico, a través de nuestros emails, redes sociales y comentarios.
Esperando que este propósito en el Señor sea de provecho para su pueblo y principalmente para la honra y gloria de Nuestro Señor Jesucristo. Se despide. El equipo de Retened lo bueno, en las líneas de David Garrido Michalczuk.
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